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Áreas de especialización

Oftalmopediatría

Desde 2011, cuando se aprobó la ley de Salud Ocular en Argentina, todos los recién nacidos sanos deben realizar un primer fondo de ojos y evaluación del reflejo rojo con pupila dilatada para descartar infecciones congénitas, malformaciones, tumores y enfermedades del cristalino que, detectadas a tiempo, pueden proteger la visión e incluso la vida del niño. La Sociedad Argentina de Oftalmología Infantil (SAOI) y la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) recomiendan repetir estos controles, junto con evaluaciones específicas de cada edad, a los 6 meses, 1 año, 3 y 5 años, coincidiendo estos dos últimos con el ingreso al jardín y a la escuela primaria.


Control en bebés

El control del bebé es rápido y consiste en colocar gotas para dilatar la pupila y examinar retina, mácula y nervio óptico con un oftalmoscopio y una lupa. Las gotas son seguras; pueden arder unos segundos y su efecto suele durar entre 2 y 3 horas. En niños de 3 a 6 años puede utilizarse otra gota (ciclopentolato), que dura 6 a 8 horas y permite evaluar la refracción para detectar miopía, hipermetropía o astigmatismo, cuyo tratamiento habitual es el uso de lentes.

En el recién nacido se busca evaluar la transparencia de córnea y cristalino, infecciones congénitas (toxoplasmosis, CMV, herpes, sífilis), malformaciones de retina y nervio óptico, tumores como el retinoblastoma, obstrucción de vías lagrimales y conjuntivitis neonatales. El color del iris aún es inmaduro y el bebé todavía no fija ni sigue objetos con precisión; recién alrededor de los 3 meses comienza a reconocer rostros.


Control a los 6 meses

A los 6 meses se suma la evaluación de la motilidad ocular, que ya debería estar madura. Al año continúa el control general, con especial atención al retinoblastoma, que aunque es infrecuente puede detectarse por la aparición de una pupila blanca o ausencia de reflejo rojo en fotos con flash. También deberían resolverse para entonces las obstrucciones lagrimales persistentes.


Control entre los 3 y 6 años

Entre los 3 y 6 años el foco principal es la agudeza visual, ya que el niño puede expresar lo que ve. En esta etapa pueden detectarse defectos visuales que muchas veces pasan desapercibidos para la familia, pero que es importante corregir antes del inicio escolar. En algunos casos los problemas visuales se manifiestan como desatención, desinterés por actividades visuales o dificultades escolares, y mejoran con la corrección óptica. Además, hoy existen tratamientos para frenar la progresión de la miopía, por lo que su detección temprana es clave.